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Negru (Deutsch)

Negru ist kein gewöhnlicher Name für einen Hund wie mich. Ich erinnere mich, wie mich mal jemand so genannt hat, als ich meine Augen an einer Ecke am Boulevard Aviatorilor geöffnet habe. Ich bin ein Kind der Großen Hundemutter – wir kennen ihren Namen nicht. Wir sind nur Kinder der Straße. Wir sind das Produkt einer zufälligen Zusammenkunft, die ohne Liebe stattfand, in einem Park hier in der Stadt, umringt von Lärm und ständiger Gefahr. Wir sind die Kinder der Stadt – dieser alten Stadt, die voller Geschichten ist, die es zu erzählen gilt. Mein Leben ist einfach und doch voller Leidenschaft und Abenteuer. Ich schlafe in den Parks, an denen ich vorbeikomme, oder unter den Autos, die in den Nebenstraßen vom Boulevard parken. Ich bleibe immer dort in der Nähe. Sonst würde ich mich heimatlos und verloren fühlen. Manchmal erschrecken mich die Fußgänger, aber der Wachmann von den Aviatorbüros nennt mich Negru – vielleicht weiss er auch, warum sie mich so nennen. Ich besuche ihn immer, ...

Del demonio y las cosas que nunca se dijeron

El demonio se ha detenido en el umbral del templo a sacar la última fumada de las entrañas   . Ha estado pensando mucho en esto. Parece una eternidad. Tal vez lo sea. La idea de confesarse la viene rumiando como vaca de establo desde la última vez que estuvo cerca de ella y no se atrevió a acercarse. Qué tristeza tan grande, pensaba el demonio en una de sus voces quedas, que nadie conoce. Será que la vida errante me está calando en los huesos? O será tal vez la culpa negra que se me embarró en la piel? Abrió la puerta de la iglesia y entró no sin ponérsele la piel de gallina. La verdad de los demonios es que nunca dejan de hablar con Dios. Sólo que no siempre están de acuerdo. El confesionario estaba vacío. Perfecto. Los hombres no entienden los placeres y culpas de los demonios. Siempre culpan al mal que los seduce y nunca al cabrón-sí-mismo que acaba haciendo lo que se le da la gana. No vine a pelear, dijo el demonio con la voz cansada. Se sentó en el confesio...

Del demonio y sus problemas

El demonio tiene varios problemas. El primero en resolver es encontrar la puerta de la casa. Al parecer, todos los pasillos se han puesto de acuerdo para cortarle el camino. No tiene recolección de los hechos de los últimos días. Meses? Años? La casa huele a azufre. El demonio no tiene la culpa.  Se acuerda de la canción de "Little Talks" de Of Monsters and Men. La casa tan diferente y a la vez tan parecida a lo que alguna vez fue su lugar. Puede ser que ya sea de noche. No pasa luz entre las maderas que alguien puso en las ventanas.  "Yo no fui." Pensaba el demonio otra vez cansado de buscar la puerta y con la espalda contra la pared. La gente siempre atando cabos y juzgando sin primero buscar la verdad. "No me digas que no te ha pasado." El demonio hablando consigo mismo, entristecido. La mujer que vivía aquí dejó de vivir hacía mucho tiempo. Luego dejó de vagar los corredores y ahogar su pena en gemiditos penetrantes. Alguna tarde de otoñ...

Del demonio y Yolanda

Yolanda . El nombre lo tiene de artista o de bailarina de cabaret. Depende de quien lo pronuncie. El demonio la conoció cuando aún era estudiante de Literatura Rumana en la Universidad de Bucarest. El pelo largo y del tono que solo el chocolate amargo tiene. Las manos delgadas y llenas de pequitas casi imperceptibles. El demonio se llenó de sus ojos tristes y aún así vivos y enmarcados por las pestañas oscuras que parecían alas de mariposas nocturnas. El demonio supo en pocos segundos que nunca olvidaría a Yolanda: su boca delgada y sus pechos firmes. Yolanda tomó su café sin azúcar. Le sonrió al demonio más por aburrimiento que por interés. El demonio no dejó pasar la oportunidad de invitarla a sentarse con él. Tenía la cabeza ya llena de imágenes de su cuerpo desnudo; de su vida privada. De la ducha de la mañana. Yolanda le dijo ser modelo. No estudiante. Modelo. Estaba en la Universidad mientras se arreglaba el contrato que un tal Johnny Cliché le había asegurado para ir a Milan...

Dolores del cuerpo

Me duelen los huesos. Me doy cuenta de los años escondidos; de los días que no contaron y aún así estuve viva. Tengo la carne rota y el cuerpo cortado; las heridas que no sanan, las cicatrices que duelen cuando hace frío. Con tanto malestar del cuerpo, como no doler la explosión de colores del alma. La dicha; la bulla de los amaneceres juntos. Con la sangre en los recuerdos la alegría de las sonrisas que vas repartiendo. Sueño y me alegro, de que no gane mi cuerpo.

El duende y la lechuza

Para Rafael Santiago Érase una vez un pequeño duende que vivía en un bosque de los que todavía tienen muchos árboles. El duende era pequeñito, como del tamaño de un dedo pulgar; con las orejas redondas y la nariz puntiaguda. Gustaba de llevar un saco de terciopelo azul que ya estaba tan usado que estaba también repleto de parches que él mismo zurcía. El duendecillo se despertaba cada mañana con el primer rayo de sol y sacudía sus cabellos alborotados para ponerse después uno de esos gorritos con punta de bolita. Se ajustaba el pantalón y se lavaba la carita para ponerse a trabajar. A diferencia de otros duendes, Lamouse – así se llamaba nuestro amigo duende – tenía la costumbre de nunca echar mentiras. La mayoría de los duendes contaban mentiras casi siempre con la intención de obtener algo sin mucho esfuerzo de inocentes que encontraban en su camino. Pero Lamouse no creía en las mentiras. Cuando quería algo, trataba siempre de hacerlo con honestidad. Aquella mañana...

A tí

A veces te pienso y me gana la sonrisa. Con la risa grande, perpetua; la mirada siempre atenta, los sueños alborotados y siempre llenos. La vida saboreada como un buen tequila. Te llevas todo y nos dejas tanto. Te recordamos juntos y te festejamos. Todo tú, amigo: la celebración a la vida. Te digo hasta pronto, hasta luego, see you later, auf Wiedersehen... Te recuerdo hoy y mañana y todos los días, y cuando me acuerdo de tu risa, me pongo a reír contigo. Ser de sol y de mar;  de la tierra y ahora de los astros. Gracias, carnal, por hacerme sonreír.