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Mostrando las entradas con la etiqueta cuentos

Jerónima (deutsch)

Die Uhr zeigt sechs Uhr abends an. Die Sonne versteckt sich hinter dem Horizont - wie ein Wehklagen im Hals, das nicht mehr weiß, wie es die Stimme zu nutzen hat. Es liegt diese besondere Wärme eines regnerischen Sommers in der Luft der dunklen und kalten Hütte – aus Lehm und Steinen. Einige der Geräusche der Nacht verlieren sich im Wind. Zwischen diesem Flüstern kann man den angestrengten Atem einer alten Frau hören, die aus dem Fenster schaut während sie in ihrem Leinenstuhl sitzt und ein Taschentuch stickt. Man kann die Karren auf der anderen Seite der Tür hören und das Wiehern der Pferde klingt wie ein Wiegenlied und läßt sie schläfrig werden. Sie schaut traurig auf die Regentropfen, die am Fenster hinunterlaufen und seufzt. Sie ist wehmütig und fühlt eine große Leere in sich. Die Bohnen auf dem Herd haben zu kochen begonnen. Es ist Zeit für das Salz. Immer muss man damit warten, bis sie anfangen zu kochen. Sie legt die Stickerei beiseite und geht wortlos, ruhig, gelassen ...

Del demonio y el danzón

Me pesan los años. Ya estoy arrugada y más usada que la Mentada de Madre. Ya perdí la cuenta de la gente que conocí a lo largo de mi vida; de los trabajos que tuve y de las pendejadas que hice. Lo único que me ha quedado, es el demonio que me acompaña.  Tiene los ojillos brillantes, negros como la noche en el campo y la boquita pequeñita y seca, siempre seca. Me sigue a todas partes. Me sigue y me dejo seguir. Ya no sabría qué hacer sin tenerlo cerca.  Mi demonio se llama Lorenzo. Por lo menos eso me dice. No hay que creerle al desgraciado. Siempre bien atenta viendo lo que hace. Me platica cuando nadie se da cuenta. No entiendo por qué nadie le pregunta nada. Ayer el muy méndigo me dijo que me bañara, que la gente me sacaba la vuelta porque olía mal. Yo no le hago caso. Es un envidioso. Es un demonio, pues. Pero es mi compañero y me habla. Tenemos algo en común. Nuestro amor por la música. Me lleva a los bailes. Me saca de mis casillas, pero ahí voy. Me quedo en la orilla...

Del demonio y las cosas que nunca se dijeron

El demonio se ha detenido en el umbral del templo a sacar la última fumada de las entrañas   . Ha estado pensando mucho en esto. Parece una eternidad. Tal vez lo sea. La idea de confesarse la viene rumiando como vaca de establo desde la última vez que estuvo cerca de ella y no se atrevió a acercarse. Qué tristeza tan grande, pensaba el demonio en una de sus voces quedas, que nadie conoce. Será que la vida errante me está calando en los huesos? O será tal vez la culpa negra que se me embarró en la piel? Abrió la puerta de la iglesia y entró no sin ponérsele la piel de gallina. La verdad de los demonios es que nunca dejan de hablar con Dios. Sólo que no siempre están de acuerdo. El confesionario estaba vacío. Perfecto. Los hombres no entienden los placeres y culpas de los demonios. Siempre culpan al mal que los seduce y nunca al cabrón-sí-mismo que acaba haciendo lo que se le da la gana. No vine a pelear, dijo el demonio con la voz cansada. Se sentó en el confesio...

Del demonio y sus problemas

El demonio tiene varios problemas. El primero en resolver es encontrar la puerta de la casa. Al parecer, todos los pasillos se han puesto de acuerdo para cortarle el camino. No tiene recolección de los hechos de los últimos días. Meses? Años? La casa huele a azufre. El demonio no tiene la culpa.  Se acuerda de la canción de "Little Talks" de Of Monsters and Men. La casa tan diferente y a la vez tan parecida a lo que alguna vez fue su lugar. Puede ser que ya sea de noche. No pasa luz entre las maderas que alguien puso en las ventanas.  "Yo no fui." Pensaba el demonio otra vez cansado de buscar la puerta y con la espalda contra la pared. La gente siempre atando cabos y juzgando sin primero buscar la verdad. "No me digas que no te ha pasado." El demonio hablando consigo mismo, entristecido. La mujer que vivía aquí dejó de vivir hacía mucho tiempo. Luego dejó de vagar los corredores y ahogar su pena en gemiditos penetrantes. Alguna tarde de otoñ...

El duende y la lechuza

Para Rafael Santiago Érase una vez un pequeño duende que vivía en un bosque de los que todavía tienen muchos árboles. El duende era pequeñito, como del tamaño de un dedo pulgar; con las orejas redondas y la nariz puntiaguda. Gustaba de llevar un saco de terciopelo azul que ya estaba tan usado que estaba también repleto de parches que él mismo zurcía. El duendecillo se despertaba cada mañana con el primer rayo de sol y sacudía sus cabellos alborotados para ponerse después uno de esos gorritos con punta de bolita. Se ajustaba el pantalón y se lavaba la carita para ponerse a trabajar. A diferencia de otros duendes, Lamouse – así se llamaba nuestro amigo duende – tenía la costumbre de nunca echar mentiras. La mayoría de los duendes contaban mentiras casi siempre con la intención de obtener algo sin mucho esfuerzo de inocentes que encontraban en su camino. Pero Lamouse no creía en las mentiras. Cuando quería algo, trataba siempre de hacerlo con honestidad. Aquella mañana...

Del demonio que olvidó su nombre

Fui exorcizado en un Domingo de Pascua. Me acuerdo de éso como si hubiera sido ayer, aunque ya hayan pasado tantos años. Las cosas que vi aquella tarde no serán para olvidarse pronto.  Había llegado al último cuerpo una tarde de Enero en las que ni siquiera había nieve. Los hombres estúpidos de la peregrinación me dejaron salir sin siquiera saberlo. Me les fui metiendo poco a poco en  una reliquia que llevaban cargando y ahí me quedé hasta que terminó su viaje. Fue la primera vez que dormí en años. Nadie se imagina lo que es andar errante, seco, solo. Lo que es no poder descansar porque de todos lados te corren y no te quieren dejar estar en ninguna parte. Nadie sabe lo que es vivir sin vivir y estar sin estar. Porque nadie te ve, a menos que los dejes. Pero en la reliquia me quedé dormido como será que duermen los inocentes. Sin sueños ni remordimientos. Tan solo lo negro bajo los párpados y las ganas de seguir durmiendo apenas despertando. Me quedé ahí hasta que ll...